
Recurriendo a un juego de palabras facilón, al hilo del título (del español), ¡maldita la hora en la que Quentin Tarantino se colgó del cuello el cartelito de autor! Ese cartelito se ha acabado convirtiendo en una losa tan grande que ha arrastrado al cineasta de Knoxville a un fango peor que el de la mediocridad: el de la auto-complaciencia, el endiosamiento y la egolatría más supinos y sangrantes. Porque Tarantino, parafraseando la última línea de guión, está convencido, plenamente, de que firma obras maestras. Y como el dictador al que retrata con saña, desoye las críticas o, como en Cannes, se marcha hecho una furia para que dejen de resonar en sus oídos.
El desastre, en realidad, se veía venir. Tarantino quemó sus mejores naves hace mucho tiempo, tres lustros para ser exactos. Entre 1992 y 1994 parió sus mejores creaciones. 1992: escribe y dirige Reservoir Dogs, copia de una desconocida cinta oriental, pero excelente en todo caso, un soplo de aire fresco en las cintas de robos de bancos como no se veía desde Tarde de perros, un Atraco perfecto hipertrofiado de tacos y sangre en el que ya empezaba a jugar con la continuidad temporal. 1993: escribe el guión de Amor a quemarropa, inferior en talla pero más alocada, más entretenida, igual de violenta y malsonante. 1994: escribe y dirige Pulp Fiction, su obra maestra, esta sí, un soberbio homenaje a las baratas historias de gángsters y perdedores que se vendían por cuatro perras entre las décadas de los 20 y los 50; una cinta en estado de gracia, plena de hallazgos, una escena memorable tras otra, un diálogo explosivo mejorando al anterior. Un Oscar, al guión, y seis nominaciones. Y el precipicio.
Un precipicio por el que Tarantino empieza a rodar con la demasiado plomiza y algo insustancial Jackie Brown; sigue cayendo con el díptico Kill Bill, especialmente su segunda parte, donde más allá de su poderío visual y sonoro se dedica a vender aire, despreciando trama y diálogos; y acaba estrellándose con Death Proof, la demostración palpable de que mejores tiempos ha vivido este ex empleado de videoclub. En Death Proof se advertían ya muchos de los males que adornan a Malditos bastardos (Inglorious basterds, 2009): escenas insufriblemente largas, carencia, sí, insisto, de trama, más allá de la historai del loco que asesina con su coche, y diálogos huecos despachados con el bonito trademark Tarantino.
Escribía al comienzo que a Tarantino le han matado sus ínfulas de autor. Sólo así se puede haber quedado tranquilo, regodeándose en su enorme ego, después de despachar algo como la primera escena, por llamarla de alguna manera, encabezada por un homenaje al spaghetti western que, francamente, ya aburre (el padre ve llegar a los malos y pide a sus hijas que se refugien mientras conserva su dignidad de perdedor), y terminada con el absurdo perdón del verdugo. Esa escena, ese eterno diálogo entre el nazi y el francés, concentra los problemas de Malditos bastardos. Uno se imagina a Tarantino dándole a la tecla y pensando: “soy la bomba, ¡qué manera de escribir!” Alguien debería decirle que no puedes tener a la gente diez, quince o los minutos que dure asistiendo a un intercambio de líneas de guión que no van a ninguna parte.
Por desgracia, el resto de la película sigue la misma tónica. Hay algún momento gracioso, como el interrogatorio en italiano, aunque sin pasarse, pero ni rastro de la brillantez desvergonzada de diálogos como el de la hamburguesa de Pulp Fiction. Hay escenas intensas, como el tiroteo en el sótano, pero nada que ver con la famosa oreja cortada de Reservoir Dogs. Lo que sí hay, y no falta, son los tacos, aunque menos, la sangre y los disparos. De vez en cuando, algún fogonazo de brillantez visual, que el señor Tarantino no es que se haya olvidado de dirigir. Pero el resto es el vacío, la nada, o peor, la sensación de que nos está restregando lo que cree brillante por el único motivo de ser obra suya.
De los actores, efectivamente Christoph Waltz está muy bien, aunque su premio en Cannes huele a consolación, y Brad Pitt hace de paleto; no está mal, aunque menos gracioso que en Quemar después de leer. Daniel Brühl, que es buen actor, está bien. Diane Kruger, que es bastante flojita, cumple sin más… De todas formas, la sensación que flota en la sala de cine, al aparecer los títulos de crédito, es que ya podría haber tenido a Brando, Pacino y De Niro juntos, por dar tres nombres, que la cosa no habría salido mucho mejor. Tendría muchas ganas Tarantino de hincarle el diente a la Segunda Guerra Mundial, moldearla a su gusto, sazonarla a su estilo y ensañarse a gusto con los nazis, ejercicio tremendamente meritorio 60 años después de acabada la contienda. Y es seguro que se lo habrá pasado muy bien, o más, escribiendo y dirigiendo. Lástima que eso, aunque él piense lo contrario, no sea garantía de que guste a los espectadores. Al menos, no a un servidor.


más de dos horas de onanismo… el único que puede disfrutar de esta película es el propio Tarantino que ha perdido toda perspectiva…
Por: ane el Septiembre 20, 2009
a las 2:02 am
Menos mal que decidí gastarme el dinero en Distrito 9…
Por: Chinuka el Septiembre 23, 2009
a las 11:50 am
Bueno, Chinuka, es posible que a ti te guste Malditos bastardos…
Por: Pablo el Septiembre 23, 2009
a las 12:40 pm
Pues a mi no me ha disgustado la película. Christoph Walts hace una interpretación sublime. No sé por donde leí que cada aparición suya es comparable a cuando Messi coge la pelota. Luego, Danielete Bruehl tampoco está mal, aunque le favorece mucho lo simpático de su personaje. Yo creo que a la peli le falta continuidad, está hecha como a mordiscos.
A ver si esta noche me acerco a ver “El Soplón”
Por: Juan el Septiembre 27, 2009
a las 4:15 pm
Ambos son lo mejor de la película… película, como bien dices, irregular. El mayor problema es que la firma un tal Tarantino. Si la hubiera dirigido otro la crítica habría sido más benévola, pero de un tío que ha hecho Pulp Fiction y Reservoir Dogs… siempre vas a esperar algo más.
Por: Pablo el Septiembre 27, 2009
a las 4:50 pm
[...] o no ser Hace cosa de mes y medio analizábamos cierta película, Malditos Bastardos, con la que Quentin Tarantino volvía a demostrar que sus mejores días han pasado. El director de [...]
Por: Ser o no ser « Celuloides en su jugo el Noviembre 5, 2009
a las 12:37 am
[...] en Celda 211daniel en Toda la verdad sobre la rabiet…Ser o no ser «… en Malditos bastardosAlicia en Saw VI es una [...]
Por: Aquel maldito tren blindado « Celuloides en su jugo el Noviembre 11, 2009
a las 3:34 pm