Posteado por: Pablo | Agosto 27, 2009

El mariachi

mariachi

Antes de nada, una aclaración: decir que El mariachi (1992) es una buena película no se sostiene. Lo que no se puede poner en duda, en cambio, es que se trata de una cinta de culto. Buena parte de su mística reside en el insólito hecho de que Robert Rodríguez, entonces begginer y mejicano (aún mayor handicap en Hollywood), consiguiera sacarla adelante con sólo… 7.000 dólares de presupuesto. Por eso debería estudiarla cualquier aspirante a director que se precie. Y por eso es de obligada visión para el cinéfilo que se guía por algo más que los dictados del márketing, los premios y los grandes nombres.

Desde luego, no hace falta ser muy inteligente para intuir que una película puede hacerse con 7.000 dólares si no pagas, o apenas lo haces, a la gente. Robert Rodríguez se rodeó de actores amateur, sin carrera posterior salvo el protagonista, Carlos Gallardo; muchos de ellos ayudaban en las tomas cuando no aparecían en imagen. Además, dirigió lo que él mismo había escrito, lo produjo con Gallardo, lo montó. Economía de guerra. Rodaba escenas con una sola cámara… pero interrumpía cada dos por tres la acción para escoger ángulos diferentes, dando así la sensación de contar con un equipo mínimamente decente. Una locura. Como lo fue, sin duda, que la mitad de los famosos 7.000 dólares los consiguiera ofreciéndose como cobaya para probar medicamentos.

La historia que mereció tal acto de fe no puede ser más sencilla: un mariachi, con la guitarra como todo equipaje, llega a un pueblo tirando a chungo y desolado en busca de un trabajo. Su fracaso es rotundo, y aún así, no es lo peor que le ocurre: anda por allí un tal Azul, un matón, al que le gusta llevar un considerable arsenal… oculto en un estuche de guitarra. Lógicamente, al pobre mariachi lo confunden con el tal Azul, perseguido por los hombres del capo Moco, e incluso, en un momento dado, se confunden los estuches, de tal modo que el músico termina empuñando un arma automática en lugar de su instrumento. Entre malos entendidos, nefastas casualidades, disparos, sangre y alguna que otra canción avanza una trama tan simple como efectiva.

Rodríguez, con el entusiasmo del principiante, le pone buena cara al mal tiempo y lo reviste a su manera: con chulería formal (cámaras rápidas, primeros planos al estilo del spaghetti western, montaje casi frenético), un casting impecable por los fulanos que llenan la pantalla (de nuevo, Leone) y un permanente buen gusto a pesar de la obligada y pretendida chabacanería. Obviamente el resultado es carne (en principio) de video-club: la película rezuma falta de presupuesto por los cuatro costados. Pero aún así tiene ese algo que no vieron las distribuidoras mejicanas y sí, en cambio, Columbia, a la que Rodríguez, rechazado, presentó el producto en un arranque de coraje.

Ese algo podemos llamarlo encanto, gracia, toque… Podemos llamarlo como queramos. Lo que es seguro es que ninguna de las secuelas, ni Desperado ni Once upon a time in Mexico, con más recursos, con Banderas, Depp, Hayek y Rourke, consiguieron imitar ni de lejos. Una muestra de cómo de la necesidad puede hacerse virtud. He aquí la razón de que algunos, los que consiguen ver más allá de persecuciones poco creíbles y tiroteos chapucros, la veneremos como una pequeña muestra de genialidad y un canto al cine. La declaración de amor de un fánatico del celuloide.


Respuestas

  1. Hola Estuve visitando tu página y me parece muy interesante y original, permíteme felicitarte. y quisiera proponerte hacer un intercambio de enlaces con mi pagina web, ambos saldríamos beneficiados. Si lo deseas no dudes en contactarme muchos Éxitos con tu pagina.

    Un saludo

    Franck Michel Reyes
    WebMaster
    http://www.series21.com
    Contacto: rey.delcastillo@hotmail.com

  2. Pablo, buena crítica (como siempre), pero poner esta película en Delicatessen me parece un poco fuerte, la verdad…

  3. Charles, al final es una sección en la que cabe un poco de todo, ya sabes, una excusa para meter películas que le gustan a uno…

  4. Gran parte de la crítica nacional e internacional glorificó en su momento a ‘El mariachi’, de Robert Rodríguez, y a su director, que se estrena con este producto como realizador de largometrajes, como un nuevo valor para el cine independiente de los EE.UU. Se ensalzaba la supuesta frescura de sus imágenes, y sobre todo el hecho de que se hubiese conseguido llevar a cabo un producto tan digno con un presupuesto tan reducido. Todo eso, en opinión de este crítico, no son más que palabras. El mariachi no es, en realidad, más que un thriller muy violento sin la más mínima entidad cinematográfica: la historia hace aguas por cualquier lado que se la mire, el trabajo de los actores resulta detestable, y la realización cae en todos los defectos del amateurismo, desde los fallos de continuidad a los movimientos de cámara gratuitos, con un steady-cam cuya utilización sobra en la mayor parte de los planos, y se abusa de los objetivos ‘ojo de pez’. Es, pues, explicable que nadie en México ni en Hollywood quisiese hacerse cargo de la producción de este engendro, y que Rodríguez tuviese que sufragar los gastos del proyecto de su propio bolsillo. Las buenas críticas recibidas, el éxito en taquilla y los buenos auspicios de su amigo Quentin Tarantino le han abierto a este realizador chicano las puertas de la industria fílmica, y ya vamos sabiendo lo que es capaz de perpetrar con más medios.

  5. Está claro que no aprecias demasiado la “obra” de Rodríguez, Juan.
    Por “El Mariachi” debo reconocer que profeso un cariño especial, la descubrí siendo un crío y se convirtió en una de mis películas fetiche; seguramente es la razón de que no sea muy objetivo con ella…
    Del resto de su trayectoria sólo salvaría “Sin City”; el resto me parece lamentable.


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías