Posteado por: Pablo | Junio 25, 2009

Los mundos de Coraline

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Apechuga con tus padres; no tienes otros. Aunque vivan absortos en su trabajo, te obliguen a comer verdura y, en general, sean unos fulanos bastante pelmazos que no te prestan demasiada atención. Este parece ser el mensaje de Los mundos de Coraline (Coraline, 2009), el último trabajo de Henry Selick. Traga a tus padres porque siempre puede ocurrirles una desgracia y, entonces, lamentarás haber renegado de ellos. La desgracia, aquí, es una bruja malvada. ¿Nos suena? Efectivamente: El viaje de Chihiro, cinta nipona que, narrativamente, está a años luz, pero guarda ciertas similitudes difíciles de obviar (al margen de la bruja, la niña sola ante el peligro y un mundo oculto aparentemente maravilloso pero con un corazón malignamente podrido).

Empequeñecida en lo gramatical frente a la película asiática, es en cambio en lo visual donde Los mundos de Coraline no tiene nada que envidiar. La mano de Selick se despliega con maestra exhuberancia desde el momento en que la protagonista accede al mundo paralelo (a través de una puerta, véase Alicia en el País de las Maravillas), descubre a su otra familia y, de paso, un maravillosamente loco entorno en el que nada guarda parecido con una realidad más bien tristona y gris. Escenas como la del jardín y la actuación de los ratones son sencillamente soberbias y justifican, por sí solas, el precio de la entrada. Hasta ese punto hemos asistido al relato de la apagada existencia de una niña mustia que debe soportar a unos progenitores aburridos y sortear a unos vecinos más bien desequilibrados. Al otro lado, en cambio, los primeros son un encanto y los segundos, unas risas… hasta que, he ahí el truco, se resquebraja la amable máscara para dejar entrever la horrenda y verdadera cara del mundo número 2: la bruja, sus malvados planes y la carrera contrarreloj para detenerla. Segmento de la narración que se resuelve de forma algo precipitada y pueril, aunque con la solvencia suficiente para que un espectador infantil no pierda comba y otro adulto acepte seguir el juego hasta el final.

Al frente del tinglado, ya se ha dicho, Henry Selick. Curioso caso el suyo. En 1993, apadrinado por Tim Burton, dirige esa perla de la animación con marionetas que es Pesadilla antes de Navidad, hoy elevada a la categoría de mito. Tres años después, adaptando a Roald Dahl, James y el melocotón gigante, más previsible, menos retorcida, pero también muy sugerente. A partir de ahí, el vacío: el fracaso en 2001 de Monkeybone (Brendan Fraser y el mono animado dándose una buena castaña) y 8 años de silencio hasta que se presenta la oportunidad de adaptar el best-seller de Neil Gaiman, que le venía como anillo al dedo a Selick.

Tal vez otro se preocupara por semejante nivel de encasillamiento pero no parece ser el caso. Un tipo amargado no se pondría ante el ordenador para escribir la adaptación y orquestaría después un espectáculo visual de semejante magnitud: jerbos circenses, mantis mecánicas de jardín y lámparas de araña / surtidores de zumo son sólo algunos de los sublimes hallazgos. Hay un gato que habla… pero no todo va a ser original.

Lo único que ofrece dudas es el mensaje subyacente. Además de entender que tus papis son tus papis y debes quererles, métete esto en la cabeza: “cuidado con lo que deseas”; si Alicia debía andarse con ojo con lo que soñaba, y tener los pies en la tierra, la moraleja es parecida para Coraline, pero no olvidemos que la primera fue escrita en 1865. Hoy, casi 150 años después, el recado chirría por conservador. Mucho mejor, aunque comparar sea odioso, el “elévate por encima de los mediocres” de Los Increíbles.


Respuestas

  1. la peli está bien, aunque pueda parecer para un público infantil es entretenida

  2. Desde el minuto uno, la música y las impresionantes imágenes te atrapan en la película. La originalidad y la sensibilidad con la que está tratado cada pequeño detalle te envuelven y te llevan sin darte cuenta al mundo de Coraline.
    El argumento, como dice Pablo, quizás pueda resultar algo infantil, algo simple, pero ahí reside también su magia: el hecho de llevarnos de regreso al pasado, de recordar los miedos infantiles, las fantasías, en definitiva, en volver a ver el mundo a través de los ojos de un niño.
    Sencillamente, fantástica.

  3. He visto la película hace unos días y, gracias a todos los dioses del Olimpo, fui sin niños. Me parece espeluznante, para un niño, que le cosan botones en los ojos. Como para tener pesadillas el resto de tus días. El inicio, en el que “reciclan” una muñeca, ya me parece tremendo. A lo mejor los niños de ahora son más duros, pero a mí me pareció tremendo. En cuanto a la animación, me gustó bastante, pero desde que ésta se hace con un ordenador, la verdad es que pierde un poco la gracia, la gracia de imaginar a un montón de dibujantes dale que te pego con el lápiz y el borrador. Pero está muy bien. Eso sí, no la recomiendo para niños.
    Un saludo, celuloides.


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