Posteado por: Pablo | Mayo 18, 2008

Los Tudor

La Edad Media es, de por sí, una época lo suficientemente atractiva como para justificar su traslado a la pantalla: reyes, reinas, nobles, plebeyos, cardenales, bufones, conspiraciones, ejecuciones, traiciones, pactos, guerras, sangre, banquetes, bacanales, hijos bastardos, herejes, hogueras… Y aún así, no es suficiente.

No basta con coger a un personaje histórico de los más famosos y sometidos a adaptaciones fílmicas como es Enrique VIII, célebre por romper con la Iglesia, vivir obsesionado con tener un hijo varón y dejar sin cabeza a todo aquel que si interpusiera en su camino o no diera satisfacción a sus caprichos. Es necesario, y así lo entendió Michael Hirst, dar una vuelta de tuerca, y en este caso la tuerca giró hacia atrás en el tiempo y se detuvo en los años jóvenes del rey. Una apuesta arriesgada que, sí sale bien, es en gran medida gracias a un actor llamado Jonathan Rhys Meyers.

Visto primeramente en Quiero ser como Beckham, puesto en el mapa con la soberbia Match Point y, más recientemente, rostro de Calvin Klein, Rhys Meyers da el salto de calidad definitivo en Los Tudor (The Tudors, 2007).  Su Enrique VIII es tan impetuoso, lleno de vigor, rabia y virilidad, que prácticamente arrastra a los demás para intentar seguir su estela. Difícil, porque Rhys Meyers abrasa casi literalmente la pantalla. Cierto que, siendo justos con el reparto, de nivel notable, hay un par de actuaciones que merecen ser destacadas: la de Sam Neill (Parque Jurásico), impecable cardenal Wolsey (manipulador, artero, mezquino); y Natalie Dormer, que compone una Ana Bolena carnal e hipnótica, ayudada por unas facciones que se alejan de los cánones para concederle un atractivo casi inquietante.

La segunda temporada está ya en plena emisión, auspiciada por los buenos resultados de crítica de la primera. Lecciones de historia ágiles, atractivas, adaptadas a los gustos de hoy (abundan las escenas de cama), que corren, eso sí, un riesgo. La primera temporada se torna algo farragosa a partir del ecuador (es decir, del 5º-6º episodio, pues hablamos de una mini-serie de 10), cuando se enfanga en juicios, disquisiciones y dimes y diretes a vueltas con el pretendido divorcio del rey. Funciona mejor Los Tudor en su primer tramo, donde recrea a la perfección la corte de Enrique VIII, con sus entresijos al descubierto. No en vano, Hirst es autor del guión de Elizabeth y conoce bien la época. Le ayuda, claro está, un presupuesto que no escatima a la hora de ofrecer lujosas localizaciones, dentro de una producción cuidadísima, donde vestuario y atrezzo van a la par.

En conjunto, una serie notable.


Respuestas

  1. Excelente síntesis de lo q es esta atrapante serie!

  2. Excelente síntesis que refleja con precisión lo que es esta atrapante serie. El único problema que tiene The Tudors es la adicción -ya me sucedió con Roma- que crea, porque cuando termina querés una nueva temporada


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