Tener la etiqueta de “artesano de Hollywood” no suele ser una buena carta de presentación para un director en los tiempos que corren. Pero antes, cuando la industria norteamericana encabezaba la producción mundial no sólo en cantidad sino en calidad, este título podía ser no sólo honroso sino todo un piropo. Qué se lo digan si no a Howard Hawks, que desde 1926 a 1970 incluyó en su amplia filmografía clásicos de todos los géneros: cine negro, western, comedia, musical…

Mencionar alguna de sus obras es hablar de lo mejor del cine del siglo XX: Sargento York (Sergeant York, 1941), Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944), El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), Río Bravo (1959), Hatari! (1962)… y así hasta 47 películas para todos los gustos. Entre ellas, Scarface, el terror del hampa (Scarface, 1932), un biopic de la vida de Tony Camonte, alias “caracortada”, un ganster que gracias a sus habilidades con la pistola consigue subir rápido hasta lo alto de la jerarquía mafiosa. Un camino sólo de ida del que acabará pagando un alto peaje.
Scarface es una película en muchos aspectos precursora del cine de gansters que se desarrolló posteriormente. El argot, las consignas, las metralletas… No debió ser difícil porque la “ley seca” todavía estaba en vigor cuando se estrenó la película, y la guerra de bandas era todavía una realidad. Sólo un año antes, en 1931, Eliot Ness y sus “intocables” había conseguido procesar a Al Capone por evasión de impuestos. Al Capone era conocido por el sobrenombre de “caracortada”, por un corte en la cara similar al que luce Paul Muni, el actor protagonista. De ahí que las semejanzas entre Camonte y Capone no sean casuales, como en la escena que recrea la “matanza de San Valentín”. Pero si algo diferencia la visión de Hawks con la de películas posteriores sobre esta época es su visión desmitificadora del mundo gansteril. En Scarface se muestra la crueldad, el sadismo y la ambición de estas bandas, e incluso se advierte de ello explicitamente en un prólogo en el que se insta al gobierno a acabar con la violencia callejera.
En el apartado puramente artístico, se trata de una película en la que Hawks dirige con maestría escanas con un valor dramatico indudable. Para la historia del cine quedará la maravillosa secuencia inicial en el que, sin necesidad de cortes y sólo ayudado con un largo travelling, muestra el primer asesinato de Camonte en la película. El plantel de actores es maravilloso. El versatil Paul Muni, cuatro veces nominado a los Oscar y ganador de la estatuilla por La tragedia de Louis Pasteur (1936), realiza un trabajo excepcional en el que se observa perfectamente la evolución que sufre el personaje a lo largo del film. En un papel más pequeño pero muy importante destaca también Ann Dvorak como la hermana de Camonte.
Un consejo: si quieren ver cine negro del de verdad, Scarface es su película. No acepten vulgares imitaciones, aunque salga Al Pacino en ellas.


ni que decir.hace varios años que scarface me tiene encarcelado.la mejor pelicula de gangsters que he visto y no es una opinion,sino asevero.los padrinos de copolla son pequeñeces comparado con esta.y estoy de acuerdo plenamente con ustedes al afirmar que el remake de brian de palma es una vulgar imitacion.ademas paul muni es un actor que merece una reinvindicacion muy exhaustiva,pues su filmografia relativamente corta en titulos,es prolija en calidad,para muestra esta pelicula.
Por: nestor velasquez(peru) el Octubre 31, 2008
a las 5:38 pm