
Retomamos esta sección no oficial del blog, inaugurada hace ya bastante tiempo con el amigo Casey Affleck, que opositaba a star con sus papeles en El asesinato de Jesse James… y Adiós, pequeña, adiós. No se puede decir que le hayamos dado mucha suerte, porque el pequeño de los Affleck se topó en los Oscar con Bardem, pero no todo el oro que reluce en Hollywood es el de las estatuillas (aunque no sean de oro, ya). A buen seguro que el estatus de Casey en la Industria se ha disparado.
En cualquier caso, y aún a riesgo de hundir su carrera, el turno es ahora para Sacha Baron Cohen. El nombre, por sí solo, no le dirá gran cosa a muchos, y no es de extrañar, porque debe de haber muy pocos menos comerciales. Tanto es así, que a nuestro protagonista se le conoce antes por el apelativo de cualquiera de sus alter egos en la pantalla (grande y pequeña) que por el suyo propio: ya sea el rapero Ali G, el periodista kazajo Borat Sagdiyev o el peluquero austriaco y gay Brüno.
Curtido en los TV-shows británicos, este londinense ha alcanzado notoriedad hace relativamente poco, 2 años, con el salto a la gran pantalla de ese inclasificable reportero llamado Borat Sagdiyev que pone Estados Unidos patas arriba con su (pretendido) desconocimiento de los códigos de conducta más básicos, y ya se sabe cómo son los americanos con sus cosas. Borat sonó fuerte incluso para los Oscar, después de haberse llevado el Globo de Oro al mejor actor de comedia, pero su nominación en la categoría de Mejor Guión Adaptado no fraguó en estatuilla. Antes, Baron Cohen había marrado el tiro con Ali G, primer asalto a la gran pantalla, en una película burda y zafia, como lo es Borat, sin duda, con la gran diferencia de que lo que, en un caso, era pretendido, en el otro fue producto de una propuesta paupérrima.
Cierto: no todos los estómagos están en condiciones de digerir Borat, con su humor escatológico y ese falso tono documental, y es innegable que hay que verla con una predisposición de ánimo a prueba de chascos. Pero es igualmente indiscutible que Borat gustó (aquí me incluyo) y, sobre todo, puso a nuestro hombre en el mapa. Y le ha permitido, hasta el momento, varias cosas. La primera, brindarnos en Sweeney Todd un papel breve pero genial, el de ese peluquero italiano vestido de torero español (!) llamado Adolfo Pirelli, al que sus chantajes le valdrán un tajo en el gaznate. Como suele ocurrir, es en la versión original donde se aprecia el estupendo trabajo de Baron Cohen, que demuestra ser capaz de jugar con los acentos a su antojo.
Pero lo mejor puede estar por llegar. Al margen de Brüno, tercera traslación al cine de sus personajes para TV, en Hollywood se rumorea que nuestro amigo formará parte del reparto de lo próximo de Steven Spielberg, post-Indy, reparto que incluye, ahí es nada, a Kevin Spacey, Will Smith y Philip Seymour Hoffman. The Trial of the Chicago 7 puede ser el pasaporte para Baron Cohen hacia el estrellato. Cualidades no le faltan.
