Día del Padre, día atípico de estrenos. Pocos, pero quizás con más jugo del habitual:
-Seda: parece que Keira Knightley le ha cogido el gusto a las adaptaciones de novelas históricas; después de El Rey Arturo, Orgullo y prejuicio y Expiación, y antes de que llegue La Duquesa, encabeza el cartel de la traslación a la gran pantalla de la más conocida de las obras de Alessandro Baricco; premeditado o no el camino que sigue la Knightley, no parece una mala idea; su físico se presta y las producciones en las que se enrola suelen garantizar niveles de calidad por encima de la media; aquí la acompaña el blandito Michael Pitt, bajo la batuta de François Girard.
-A ciegas: conmovedor y escalofriante documental que se aproxima a la tremenda experiencia vital de un grupo de niños ciegos que escala el Everest, como símbolo paradigmático de su lucha por superar las limitaciones físicas; más que recomendable.
-Ahlaam: primera cinta que se produce en Irak desde que comenzó una invasión, guerra o como se quiera etiquetar que justamente hoy cumple 5 años.
-Como la vida misma: Steve Carell, capaz de alternar excelentes papeles como el del depresivo tío de Pequeña Miss Sunshine con auténticas bazofias del tipo Virgen a los 40 y Sigo como Dios, se embarca con Juliette Binoche en una historia no demasiado original, la de un viudo que, en pleno fin de semana de reunión familiar, se enamora de la que es nueva novia de su hermano; la opción cómica de la cartelera.
-Llamada perdida: y ahora, la de terror de turno, nuevamente adaptación de otro de las horror movies made in Japan de última generación; extrañas muertes predecidas vía teléfono móvil para dar un toque 3G a lo de siempre; lo peor, con diferencia, leer en el reparto el nombre de Edward Burns, uno de los tipos con más pretensiones de su generación, al punto de escribir y dirigir sus películas (calidad de estas al margen); esperemos que, como hizo en su día Orson Welles, no sea más que una forma fácil de embolsarse un dinero con el que sufragar mejores proyectos… porque lo aterrador sería que siguiera los pasos de, por ejemplo, el pobre Christian Slater.
Por cierto. Desde aquí, descanse en paz Anthony Minghella, fallecido ayer.
