Poco movimiento en la cartelera, pero de calado, porque finalmente llega:
-No es país para viejos: que, llamadme pijotero, definitivamente tiene menos mística que No country for old men; sí, la película que ha catapultado a Bardem y que, salvo sopresa gorda, le dará su primer Oscar, ya está en nuestro país; tanto se ha venido hablando de ella que uno tiene la impresión de que, más que estrenarse, fuera a reponerse con motivo de la gala; pero no, aún no la hemos visto y aún no estamos en condiciones de juzgar si Bardem, con su flequillo chungo y su mirada torva realmente dibuja ese aterrardor psicho-killer, como nos han vendido, y si la película de los Coen, en conjunto, merece hacer olvidar aquel fiasco, aquel remake que jamás debieron hacer del clásico de la Ealing El Quintento de la Muerte (The Ladykillers).
-Astérix en los JJ.OO.: la primera entrega no hacía justicia a una de las sagas del cómic europeo por excelencia; la segunda, decididamente, ensuciaba su nombre con un mal remedo de las aventuras de los galos en Egipto; esta tercera promete poner la guinda al despropósito a base de cameos, como el de Delon y… Segura, sí, el rey de los cameos en sus propios bodrios.
-30 días de oscuridad: Josh Hartnett, del que conservo buen recuerdo gracias al excelente sabor de boca que me dejó El caso Slevin, el último de sus trabajos que he visto, pero capaz de intervenir en memeces como Hollywood, Departamento de Homicidios, se nos enrola en una de vampiros en Alaska, por aquello de que las noches duran 30 días y eso, claro está, da mucho juego para que te persigan sin tregua, en busca de tu yugular.
-Conociendo a Jane Austen: ya lo del titulito con gerundio me pone nervioso, para que os voy a engañar; el resto, por desgracia, me refiero a la dirección del tal Robin Swicord y el trabajo de un reparto encabezado por Maria Bello (la mujer de Viggo en Una historia de violencia) es que me dejan frío, directamente.
