Aprovechando que mañana se estrena John Rambo en España, y que su protagonista, director y guionista Sylvester Stallone ha pasado por Madrid acaparando todas las portadas, no viene mal recordar los orígenes de una de las sagas que más dinero han hecho en todo el mundo.

En 1982 se estrena First Blood (en España Acorralado), una modesta producción de 14 millones de dólares basada en una novela de David Morrell del mismo título. La historia giraba sobre un excombatiente de Vietnam que, al llegar a un pueblo de los Estados Unidos, se rebela contra el desprecio de sus habitantes montando destrozando todo a su paso para terminar suicidándose. La novela, que exploraba los problemas que tenían los soldados para integrarse en la vida civil y la visión nada heróica que tenían los estadounidenses hacia ellos, se convirtió pronto en un proyecto cinematográfico. Para el papel de Rambo, según cuentan, se tanteó a Steve McQueen, pero finálmente sería Sylvester Stallone el que asumiera el reto de dar vida a este veterano de guerra miembro de las Fuerzas Especiales.
¿Quién era Stallone en ese momento? Pues un actor que seis años antes había saltado al estrellato con la emotiva Rocky (1976), con la que fue nominado al Oscar como mejor actor y mejor guionista. Este hecho le situó en el mapa cinematográfico, pero también le puso en un grave aprieto. El “nuevo Robert De Niro”, como le llamaron por esa película tenía que demostrar no sólo su valía como actor, teniendo además un físico nada común, sino también como autor, ya que se había revelado como guionista. Esta presión seguramente le condujo a ir demasiado rápido en la industria. En su siguiente film, F.I.S.T. (1978), volvió a repetir como protagonista y guionista, mientras que en La cocina del infierno (Paradise Alley, 1978) sumaba a esas dos tareas la de director (tenía 32 años y ninguna experiencia) e incluso cantaba el tema principal del film. Todo esto mientras preparaba la segunda parte de su gran personaje, Rocky 2 (1979), en la que también asumió las tres funciones. El resultado fue que, apesar de atreverse con dos dramas históricos, la taquilla sólo le respondió cuando se puso los guantes y subió al ring. Stallone lo volvió a intentar con más fuerza pero esta vez centrándose en la actuación. Un thriller muy oscuro, Los halcones de la noche (Nighthawks, 1981) y una bélica dirigida nada más y nada menos que por John Huston, Evasión o Victoria (Victory, 1981), pudieron ser el punto de inflexión en su carrera. Pero fue Rocky III (1982) la que volvió a triunfar (125 millones de dólares de recaudación en EE.UU.). La cosa estaba clara: los espectadores no se cansaban de Rocky ni aunque cada continuación demostrara que era peor que la anterior. Stallone parecía abocado al encasillamiento más absoluto y, en el peor de los casos, al olvido más atroz una vez se acabara el filón de Rocky.
Y en esto que llegó Rambo. Stallone no sólo aceptó el papel sino que intervino en el guión. Se decidió que Rambo no se suicidara, lo que desvinculó a Kirk Douglas del papel del coronel Trautman, que aparece en la historia al rescate de un enloquecido Rambo (se lo quedaría finalmente Richard Crenna). También se evitó que Rambo matara a algún policía, militar o Guardia Nacional, al contrario que en la novela.
Acorralado se convirtió en el otro Rocky de Stallone. Recaudó 47 millones de dólares en Estados Unidos y 78 millones en el resto del mundo. Fue posible porque al fin Stallone encontró a un personaje muy físico con el que identificarse, al mismo tiempo que la película no cae en la acción por la acción, sino que esconde un drama que conecta con el espectador. Al igual que Rocky Balboa, Rambo es un personaje perdido, sólo y asustado que busca un sentido a su vida. Sentido que perdió en cuanto las secuelas le volvieron a trasladar a países en guerra para desatar una violencia totalmente gratuita. Pero no se debe juzgar Acorralado con lo que vino después, como no se debe quitar valor a Rocky por sus cinco secuelas. Stallone realiza una actuación sobresaliente para un personaje con el que no hubiera podido cualquier actor. La película se apoya, además, en unos excelentes exteriores, en una realización muy eficaz (obra de Ted Kotcheff) y en la música del gran Jerry Goldsmith.
Después de Acorralado, Stallone lo tuvo claro y se dejó de experimentos. Gracias a eso no consiguió nuevas nominaciones a los Oscar (más bien empezó a ganar Razzie), pero se convirtió en un revienta taquillas con películas de acción que ya las quisieramos hoy en día. Y deja tras de sí un legado impagable con dos sagas que, al menos, comenzaron de manera portentosa.

[...] las taquillas de medio mundo. Con John Rambo (2008), cuarta parte de la saga que comenzó con Acorralado (First Blood, 1982), Stallone vuelve a usar la nostalgia para demostrar que los viejos rockeros nunca [...]
Por: John Rambo « Celuloides en su jugo el Marzo 16, 2008
a las 9:58 pm