O eso al menos es lo que afirma el escritor Marc Eliot, que acaba de publicar una biografía del célebre actor titulada, de manera poco original, Cary Grant. La biografía (ed. Lumen). Eliot no se corta un pelo. Según él, Grant (1904-1986) vivía atormentado por su homosexualidad reprimida a base de cuatro matrimonios. Sin embargo, la prensa de entonces llegó a rumorear sobre su condición sexual y su relación con el actor Randolf Scott. Al parecer, Grant llegó a afirmar que sólo se casaba con mujeres que le hacían recordar a su madre, muerta supuestamente cuando él tenía 10 años aunque, dos décadas después, se enteró que en realidad estaba en un manicomio.

Por si fuera poco, y según siempre el avance editorial de la biografía de Eliot, Grant era alcohólico y se administraba LSD en dosis controladas, en una época en la esta droga no estaba ilegalizada en los Estados Unidos. Y vivió siempre con una espina clavada: nunca llegó a ganar el Oscar por alguno de sus trabajos y se tuvo que conformar con el honorífico que la Academia le entregó en 1970. Para entonces llevaba cuatro años retirado del cine.
Sea o no verdad su desordenada vida, nada puede bajarle del pedestal de las leyendas del séptimo arte. Una recomendación: Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, 1944).
