Posteado por: Pablo | Diciembre 8, 2007

El malvado Zaroff

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Es difícil entrar en contacto con la historia de Zodiac ( el asesino en serie cuyos crímenes trajeron en jaque a la policía y dieron lugar, entre otras, a una muy buena película de David Fincher) y que no surja la curiosidad por descubrir cuál es esa cinta que, de una forma u otra, parecía obsesionar a aquel serial killer.

La cinta en cuestión no es otra que el clásico de la RKO El malvado Zaroff (The most dangerous game, 1932). Lo primero que se advierte es que, para variar, en nuestro país se tradujo su título de una manera bastante libre, esto es, como les dio la santísima gana. El título correlativo sería El juego más peligroso, mucho más emparentado con el espíritu de la trama que ese otro demasiado genérico que aquí se sacaron de la manga. Y es que de juegos y peligros va la historia: la de un conde maníaco, Zaroff, que atrae a incautos navegantes a la isla en la que tiene montada su fortaleza para, después de mostrarse como el más acogedor anfitrión, convertirlos en víctimas de un macabro juego para su sádico disfrute.

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La película, cierto es, exige varios peajes. El primero, que el malo de la función tenga ascendencia rusa y se valga de sirvientes cosacos, pero debemos entender el contexto (período de entreguerras). El segundo, que ellos, los personjes masculinos lleven el pantalón como Julián Muñoz, vamos, por debajo de la nuez. Y tercero, que ella, la chica, sea tratada como un pedazo de carne (no tienen desperdicio los comentarios del conde acerca de la apetencia de las mujeres por los hombres violentos), se pase todo el metraje vestida con una especie de camisón que se va haciendo jirones y todo su cometido se reduzca a pegar gritos y entorpecer la labor del héroe…

Pero entendamos que estábamos a principios de los años 30, y esto no hará más que aumentar el mérito del conjunto. Un conjunto en el que, sin lugar a dudas, sobresale la actuación de Leslie Banks, actor británico, que encarna en el conde a un personaje fascinante; sí, es un loco y un asesino, pero también un tipo elegante, culto, que toca el piano de maravilla, un vividor que aprecia los placeres de la vida… y que desgraciadamente cuenta entre esos papeles el de las cacerías humanas. Banks eclipsa totalmente la actuación de Joel McCrea, el héroe, lo cual es una forma fina de decir que le levanta la tostada descaradamente. McCrea, un tío de 1,90 que trifunó en el western, cumple aquí el expediente. La tercera pata del banco es la canadiense Fay Wray, más conocida por ser “la chica” del King Kong original, que estrenó un año más tarde, en 1933, y a la que en el mundillo se la apodaba como “la reina del grito”, en su época, se entiende. Completa la función, en un papel algo testimonial pero bien interpretado, Robert Armstrong, como el estúpido y borrachín hermano de ella (con la que coincidió en la película sobre el mítico mono).

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El malvado Zaroff es, durante su poco más de una hora, una cinta a visionar, con el fetichismo que le concede el caso Zodiac, pero también como uno de los primeros exponentes del terror serio sin monstruos, por más que Zaroff, con su castillo y sus ayudantes, recuerde inevitablemente a otro conde más famoso: Drácula.

Más allá de esto no debe esperarse tampoco una joya del séptimo arte (eso sí, atesora grandes detalles, como aldabón con el centauro que lleva a la chica en brazos de los títulos de crédito).


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