En un mundo mágico y musical, la princesa Giselle encuentra por fin a su amor verdadero: el principe Edward. Sin embargo, la reina y madrastra del principe no está dispuesta a dejarse arrebatar la corona tan fácilmente. Poco antes de la boda, envía a Giselle a un sitio repugnante y oscuro: Nueva York.

Así comienza Encantada. La historia de Giselle (Enchanted, 2007) una película en la que Disney se parodia a sí misma. Cierto es que la fórmula no es nueva: la trilogía Shrek fundamentó su éxito precisamente en dar una vuelta de tuerca al vivieron felices y comieron perdices. En este caso, se aporta un elemento nuevo: la trasformación de los dibujos animados a la carne y hueso al pasar el portal interdimensional que separa el mundo de Giselle con el supuestamente real. Desde luego tiene su gracia. Pocas veces podemos ver a un príncipe de cuento luchar espada en mano contra un autobús. O ver limpiar una habitación con la ayuda de ratas, palomas e insectos (la única fauna que se puede encontrar en una gran ciudad). De acuerdo, la película es infantil, cursi, políticamente correcta y hay canciones de amor. Lo que se espera de una película Disney que, al menos, le da otro enfoque a lo mil veces visto. Eso sí, el final es algo decepcionante, no por ser esperado sino por la simpleza de su resolución.
En cuanto a los actores, todos cumplen con eficiencia. Los que más fácil lo tenían son los que empiezan siendo dibujo animado, ya que sólo tienen que exagerar alegría o pena inmensa. Amy Adams hace de una Giselle pija, como deben de ser las princesas de ahora. James Marsden es el príncipe Edward, y desde aquí ya anunciamos nuestra preocupación por su cada vez más evidente encasillamiento. Como Cíclope, en los X-Men, no evita que Lobezno le levante a la novia. De nuevo le vuelve a pasar en El diario de Noa. Lo de Superman Returns fue aún más escandaloso: quién le manda casarse con Lois Lane. Y ahora su prometida acaba en brazos de Patrick Dempsey, que da vida a un padre divorciado que se encuentra de casualidad a Giselle. Marsden, un día de estos los cuernos no te van a caber por la pantalla. Por último, la gran Susan Sarandon hace de mala malísima. Puro entretenimiento.