Posted by: Pablo | Mayo 14, 2008

Iron Man

Este es el camino. Si, como parece, seguirá el aluvión de adaptaciones de comics a la gran pantalla, por favor, que sus responsables -productores, directores, etc- se tomen dos horitas, dos nada más, en ponerse esta Iron Man (Jon Fraveau, 2008 ) antes de meterse en harina. Quizás, con suerte, decidan que, ante la basura que iban a servir con el nombre de película, mejor recoger los bártulos y volverse a sus casas; o, sin ser tan drásticos, aprovechen lo que de bueno tiene Iron Man a la hora de tomarla como ejemplo.

¿Y qué es eso que tiene de bueno? Para empezar, ahí es nada, guión. De acuerdo: ni Shakespeare ni nada que se le parece ni falta que hace. Guión adaptado a las circunstancias, a una película de superhéroes, con sus grandes dosis de acción, peleas y secuencias espectaculares, pero guión al fin y al cabo. Eso, para que lo entiendan los más reaccionarios, que se intercala entre efecto especial y efecto especial. Esas líneas de diálogo entre los actores -todavía de carne y hueso-, que saben aportar humor en buenas cantidades, las suficientes para ser conscientes de que, con una película así entre manos, tampoco hay que tomarse demasiado en serio; y que saben no caer en el ridículo cuando la cosa, digámoslo así, se pone más seria. Guión para ensamblar una idea convincente, tomarse su tiempo en presentarnos a los personajes, desarrollarlos sin volverse locos, llegar al meollo de la historia con una trama más o menos fraguada y, desde ahí, lanzarse al desenlace.

Hay guión. Primera gran noticia. Hay muy buenos efectos especiales, cosa que se esperaba, pero es que son realmente buenos, y mejor veraces, y hasta te apabullan cuando a los trastos del héroe se refieren, y este se va probando las cada vez más logradas versiones de su traje. Debajo de ese traje, Tony Stark, o lo que es lo mismo, un buen Robert Downey Jr, que sabe aportar ese punto canalla al vendedor de armas reciclado en salvador de la humanidad. Secundado por un trío de actores conocidos con personajes, recordemos en qué género estamos, que no van más allá de la comparsa, algo que sólo cabe lamentar en el caso de Jeff Bridges como villano de la función; villano que no es mal villano hasta el clímax en que debe transmutar en auténtica némesis para las escenas más físicas; mientras el combate es dialéctico, el pulso es menos desigual que cuando se vuelve meramente pugilístico.

Iron Man funciona, entretiene, no cansa, no obliga a esbozar muecas de vergüenza ajena y sólo, por ponerle algún pero, obliga a enarcar un par de veces las cejas ante tal despliegue de tecnología futurista. Puesta al lado de birrias como Catwoman y The Punisher, es un coloso del séptimo arte; pero es que otras pretendidamente dignas como las secuelas de X-Men o Hulk palidecen a su lado. Sin ser Iron Man uno de los héroes más próximos al ideario más básico -no hablamos aquí de entendidos-, en ningún momento se echa en falta un mayor carisma, más peso específico. Ojalá el último Superman hubiera rayado a su altura.

Por eso, cuando una de esas lumbreras de Hollwyood esté a punto de estampar su firma para dar luz verde al enésimo proyecto de superhéroes a partir de un guión lamentable… que haga una pausa, visione Iron Man, y se replantee sus opciones.

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Posted by: Pablo | Mayo 9, 2008

Estrenos 9 de mayo

Días de lluvia que derraman agua y un puñado de estrenos más bien lastimosos. Poco que echarse a la boca y menos alegrar el paladar. Levantemos acta:

-Speed Racer: los peculiares hermanos Wachowski, Andy y Larry, Larry y Andy, se habían dedicado, en los últimos tiempos, a cargarse Matrix con dos secuelas infumables y producir la adaptación tirando a potable de V de Vendetta; ahora se abonan al campo del remake para zambullirse en un proyecto con el que seguramente se lo habrán pasado en grande pero huele a paranoia psicodélica de difícil trago; el abigarrado reparto mezcla a gente tan dispar como Emile Hirsch, Christina Ricci, Susan Sarandon, John Goodman y el “perdido” Matthew Fox.

-Algo pasa en Las Vegas: con la película de los Farrelli promete compartir sólo la presencia de Cameron Díaz y las dos primeras palabras; se la mire por donde se la mire, la pinta de bodrio no se la quita nadie; por encima, ni una pizca de originalidad.

-Ausente: dramilla bélico o, mejor, post-bélico que así, a priori, cuesta ubicar en cualquier segmento que no sea el de “ir a ver si apetece probar suerte”; Ryan Phillipe es la cara más conocida, lo cual, de por sí, debería ser bastante sintomático.

-Casual Day: pese al título es española; la excusa argumental, eso de los viernes “distendidos” que montan algunas empresas; en fin…

-La Osa Mayor menos dos: documental (también español) sobre un psiquiátrico.

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Posted by: Pablo | Abril 30, 2008

Estrenos 30 de abril

Llega el puente del primero de mayo y con él, adelantados, los estrenos. Después de varios fines de semana decepcionantes, parece que esto de ponerlos en miércoles le sienta bien a la cartelera; sube el nivel (tampoco nos volvamos locos) e ir al cine vuelve a ser una opción clínicamente saludable:

-Iron Man: la opción más palomitera y, al tiempo, más sugerente; Robert Downey Jr., superadas, según parece, sus muchas adicciones, prueba a enfundarse un traje de superhéroe, demostrando que el género sigue vivo, y tanto, como anticipo que es de otros estrenos (Hulk, etc); el reparto no está nada mal, con Jeff Briges, Terrence Howard y Gwyneth Paltrow; dirige John Favreau; recomendable.

-88 minutos: vuelve Pacino, vuelve uno de los mejores actores de la historia, embarcado aquí en un thriller muy sugerente, en el que el título viene a cuento del tiempo de vida que el queda al psiquiatra forense al que encarna Al; sobre el papel, interesante.

-Chantaje: otro thriller, este con Pierce Brosnan reciclado en malo maloso que hace la vida imposible al matrimonio Gerald Butler (300) - Maria Bello (Una historia de violencia); la premisa “vida perfecta súbitamente rota por un/unos desalmado/s” no es nueva; si está bien llevada, puede ser otra opción válida.

-Mi novio es un ladrón: Antonio Banderas y Meg Ryan, en comedia romántica con ribetes de acción; pereza máxima.

-Definitivamente, quizás: otra comedieta con el cuore como hilo conductor, vía Ryan Reynolds y Rachel Weisz (actriz que, a este paso, va a pinchar su carrera como un globo).

-La duquesa de Langeais: borrado del mapa Gerard Depardieu, ahora tenemos que soportar a su hijo Guillaume en un drama romántico que, honestamente, incita poco a ser visionado.

-Reencarnación: documental español; no me atrevo ni a decir eso de “tendrá su público”.

-Un poco de cbocolate: españolada; Daniel Brühl y Héctor Alterio, como reclamos para los que se puedan (allá ellos) sentirse reclamados.

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Posted by: Pablo | Abril 25, 2008

Estrenos 25 de abril

Más increíble que el hecho de que haya vuelto a pasar otra semana (y van…) a la velocidad de la luz, más increíble, repito, es que de nuevo la cartelera nos dé calabazas y nos esparza (sí, la elección del verbo es consciente) un puñado de peliculillas entre mediocres y lamentables (por citar, creo, a Superlópez) del palo de las que siguen, salvando únicamente a:

-Lars and the real girl: vuelvo a pasar del título original; Ryan Gosling es un actor que me gusta, un tío que arriesga, al que no le tiembla el pulso por hacer de judío nazi (El creyente) o profesor enganchado a las drogas y salvado por una cría (Half Nelson, nominado al Oscar); cierto, también se ha embarcado en cosas como la floja, digan lo que digan, Asesinato, 1, 2, 3, o en la ñoña El diario de Noah; un tío que vale la pena y que aquí se embarca en una frikada que promete ser eso, una ida de olla en buena regla; su papel de rarito enamorado de una muñeca le valió otra nominación, esta a los Globos de Oro; si hay que ir a ver una peli este fin de semana, que sea esta.

Y ahora, remangémonos y hundamos los brazos hasta el codo en el lodo:

-Dueños de la calle: ah, pero ¿Keanu Reeves sigue currando en esto del cine?; ¡y luego dicen que la vida no depara sorpresas!; aquí está el machote de él embarcado en otra de maderos, en plan vamos a recordar Speed y los buenos (al menos, mejores) tiempos; le secundan, pobres ellos, Forest Whitaker (otrara Oscar al mejor actor) y el Dr. House aka Hugh Laurie, imaginamos que sin bastón, ni bata ni doctora Cuddy (esto, una pena).

-Cosas que perdimos en el fuego: Halle Berry y Benicio del Toro no están, ni mucho menos, tan hundidos en ese lodo del que hablaba como el pobre Keanu (que, a este paso, va camino de tener sillón propio en la Real Academia de los Perdedores que preside el señor Christian Slater), pero digamos que, tras sus éxitos recientes (Halle, Oscar y todo), sus carreras se han desinflado como un globo mal atado; aquí los tenemos en un drama de esos de soltar la lágrima (por buena o por mala, juzguen ustedes).

-Como locos a por el oro: el título, al menos, es honesto y no engaña, te dice a la cara: “lo que vas a ver a continuación es una memez”; protagonizan (es un decir) Kate Hudson (que, por la foto del cartel, debe de andar por los 35 kilos, así, a ojo de buen cubero) y el ex (uno de tantos) de Pe, Mr. Mathew McConaughey (cuidado con el apellido); lástima que aparezca por ahí Donald Sutherland, otrora gran actor.

-El baño del Papa: comedia paraguaya que, por volver a citarme una vez más, “tendrá su público” (que eufemismo más hipócrita).

-Rudy, el cerdito de carreras: sí, otro Babe… pero a la alemana; suponemos que dará, el gorrino, para unas buenas Frankfurt.

-Tres días; Proyecto Dos; Cobardes (¿uno?): no una, sino tres españoladas de una tacada; estamos que lo tiramos, oiga; a mí, el médico me ha prohibido ver cine español por el bien de mi bazo; a los demás, sanos o no, les recomiendo que sigan mi ejemplo.

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Posted by: Pablo | Abril 25, 2008

El Hobbit: fin del culebrón

Parece que ya hay fumata blanca. Como se venía comentando, y ahora ya de forma segura, Guillermo del Toro será el encargado de dirigir las dos entregas de El Hobbit.

De sobras conocido es el farragoso lío (judicial también) en el que se metieron Peter Jackson y la gente de New Line Cinema a cuenta de unos cuantos dólares (no un puñado, precisamente) de la recaudación de El Señor de los Anillos. La disputa puso en serio peligro el rodaje de El Hobbit, como es también sabido, novela de Tolkien que se sitúa antes que la ya famosa trilogía, aquí con protagonismo para Bilbo Bolsón, y no Frodo. Pues bien: finalmente, tras hacer las paces Jackson y la productora, habrá rodaje, sólo que el director neozelandés no se pondrá detrás de las cámaras, tarea que recaerá en Guillermo del Toro, y centrará sus esfuerzos en la producción.

El calendario previsto es: rodaje simultáneo en Nueva Zelanda a comenzar en 2009; estreno de la primera entrega en 2010, y de la segunda, en 2011. En los próximos días, semanas, meses, iremos asisitendo a un goteo de nombres que desvelará quien pondrá cara a Bilbo (Ian Holm encarnaba a su “versión” madura en ESDLA) y al resto del reparto.

Gran noticia para los amantes de la Tierra Media.

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Posted by: Pablo | Abril 23, 2008

Cannes mediático

No soy muy amigo de los festivales (más bien, todo lo contrario). La próxima edición de Cannes, presentada hoy, me reafirma en mis motivos: que todo se reduce a un gran montaje de alfombras rojas y flashes para, al final, atraída la atención, tomar decisiones (premios) más o menos originales o controvertidos.

Este año Cannes se pone más mediático que nunca. Los grandes nombres estarán presentes no sólo en el desfile de caras famosas, sino también en el cartel de películas a concurso. Clint Eastwood, con The Changelling, y Steven Soderbergh, con Che, son los llamados a dar lustra a esta edición. Pero es que, fuera de concurso, aparecen Steven Spielberg con su nuevo Indiana Jones y Woody Allen con Vicky Cristina Barcelona (Pe, Bardem y Scarlett).

Aunque la palma (y no por hacer el chiste malo) de lo discutible se la lleva la presencia, también fuera de concurso, de Kung Fu Panda.

Puede que Cannes conserve el glamour, pero se ha vendido al mercantilismo (es que, además, Sean Penn preside un jurado donde estará, entre otros, Natalie Portman…)

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Posted by: Pablo | Abril 18, 2008

Estrenos 18 de abril

Ir al teatro, al fútbol, a la bolera, a tomarse unas copas, hacer punto de cruz… Todas estas opciones, y cualquier otra, por rara que se antoje, resultan más apetecibles, este fin de semana, que arrastrarse hasta una pantalla de cine para soportar lo que sigue:

-Elegy: Pe(nélope Cruz) se hace pasar por veinteañera universitaria que entabla tórrida y tormentosa relación con profesor maduro, interpretado por el últimamente desinflado Ben Kingsley (ya dio lo mejor de sí en Gandhi y La lista de Schindler), en una película de la rarita (por ser suave) Isabel Coixet a partir de la novela de Philip Roth El animal moribundo; como he dicho otras veces, tendrá su público.

-Expediente Anwar: tengo mis dudas con este thriller político; lo mejor, a priori, es el reparto, con Jake Gyllenhaal, Reese Whiterspoon (sí, en fin…), Meryl Streep y Alan Arkin; la CIA y sus métodos contra el fundamentalismo islámico, puestos en tela de juicio; colocarle un interrogante.

-Rompiendo las reglas: una especie de A todo gas pero en el cuadrilátero, con el gancho de una especie de mezcolanza de artes marciales como innovador (y garante de buenas tortas) deporte; Djimon Honsou desaprovecha aquí su talento como mentor del niñato de turno.

-Las ruinas: la enésima cinta de terror teen, aquí con la (floja) excusa de las pirámides mayas como exótico entorno para que dos parejitas de tontitos se jueguen el cuello; muy prescindible.

-Mil años de oración: cambio de tercio; drama en América pero con protagonismo chino.

-Dos polis en apuros: pues parece que en Canadá también se apuntan al rollo de las buddy movies con leit motiv policial, un poco a lo Dos policías rebeldes, sólo que aquí sin Smith-Lawrence; no parece muy apetitosa.

-8 citas: la españolada de turno; ¿para qué tirar el dinero?

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Posted by: Pablo | Abril 17, 2008

Amor a quemarropa

En 1993, Quentin Tarantino, un tipo de 30 años, absoluto obseso del cine de serie B, acababa de irrumpir en esto del celuloide con una película tremenda, brutal, maravillosa: Reservoir Dogs. Diálogos afilados como navajas de afeitar y violencia a raudales eran sus señas de identidad características, junto con una extraña manía por armar la historia como un puzzle… en el que las piezas acaban encajando, pero puestas del revés.

En ese año, en 1993, ve la luz otra película que no firma Tarantino, sino Tony Scott, hermano de Ridley, pero de cuyo libreto se encarga el (posteriormente) artífice de Pulp Fiction: Amor a quemarropa (True Romance). En realidad, de ese primer libreto al definitivo median unos cuantos cambios; el más importante, que Scott prefiere que la historia sea lineal, y no desordenada (trademark de Q. T.). Por citar otras curiosidades, ese guión formaba parte de otro más largo que, al dividirse, dio lugar no sólo a Amor a quemarropa, sino también a Asesinos natos; Tarantino, al parecer, cobra por escribir la primera película el mínimo estipulado: 50 mil dólares.

La historia que narra es la del perdedor reciclado en héroe por un golpe de fortuna: un empleado de video-club, fanático del cine oriental de serie B (claro alter ego del propio Tarantino), pico de oro, que acaba enamorando/enamorándose de una prostituta a la que decide liberar de una vez por todas de su chulo. Además de hacerse el héroe, desencadena los sangrientos acontecimientos que seguirán, porque quiere el azar que, en lugar de la ropa de su chica, la maleta que le entregan esté llena de coca. El siguiente paso es ir a Los Ángeles para tratar de colocarla vía un actor de medio pelo… y de aquí, al clímax final.

Los diálogos, sin ser puro Tarantino, destilan ya esa maestría que, cuando sabe contenerse, da lugar a momentos tan memorables como la apertura de Reservoir Dogs o la conversación entre los personajes de Samuel L. Jackson y John Travolta antes de hacer uno de sus trabajitos (la de las hamburguesas y los masajes, esa). Del resto, de la acción, se encarga Tony Scott con buen pulso, y sin caer en esas tonterías (cámaras lentas y otros efectitos) que tanto empañaron su carrera posterior.

Con el reparto hay que quitarse el sombrero: Christian Slater, entonces estrella emergente (pronto apagada), soporta con carisma el peso de la función, apoyado por Patricia Arquette, todavía en forma y sin poderes de médium; pero es en el elenco de secundarios donde uno no se cansa de citar nombres ilustres: Christopher Walken y Dennis Hopper (grandiosa la escena entre ambos, la de “los sicilianos descienden de negros”), Samuel L. Jackson y Gary Oldman (en poco más que cameos, pero qué cameos, sobre todo el de Oldman como chulo despiadado), Brad Pitt (muy breve y muy fumado), James Gandolfini (cómo bordarlo en una sola escena), Val Kilmer (testimonial e irreconocible como Elvis) y Tom Sizemore y Chris Penn, actores fetiche de Q. T., como unos polis bastante zafios.

El conjunto, sin llegar, ni de lejos, a la brillantez de los trabajos de Tarantino tras la cámara (antes de empezar a desbarrar con Kill Bill y terminar de cagarla con Death Proof), habla ya de un potencial sin límites que, esperemos, volvamos a disfrutar con Inglorious Bastards.

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Posted by: Pablo | Abril 16, 2008

Los actores amenazan

Ahora es sólo un recuerdo, pero en su momento, la huelga de los guionistas de Hollwyood tuvo en jaque a la industria, reportó pérdidas millonarias, echó a perder la gala de los Globos de Oro y puso en serio peligro la de los Oscar.

Los que le dan a la tecla reclamaron trincar más y demostraron que, efectivamente, la suya es una posición de poder: sin libretos, no hay películas (por más que muchos guiones sean plagios/remakes de otros previos). Parece obvio, siguiendo esta línea argumental, que una huelga de actores sería aún más traumática (aquí, tal vez, algunos vean el filón para dar el salto definitivo al cine hecho 100% por ordenador).

Pues bien, tal y como avanzábamos hace un tiempo, la huelga es una realidad y está sobre la mesa. Estos días, entre marchas y amenazas, se intenta llegar a una solución.

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Posted by: Pablo | Abril 15, 2008

La noche es nuestra

Sin conocerlo, sólo a través de su trabajo, podría decirse de James Gray que es un tipo obsesivo. En trece años sólo ha rodado tres películas, y las tres conforman una especie de trilogía “no al uso”, porque en realidad vienen a ser la misma película rodada en tres ocasiones. Little Odessa (1994), la primera, dibujaba ya un escenario de policía y mafias, padres, hijos y hermanos, con la lealtad a la familia o al jefe como leit-motivs fundamentales. The yards (2000) volvía a hacer hincapié en el asunto de la familia, de nuevo con una historia turbia. Esta La noche es nuestra (We own the night, 2007) viene a ser una mezcolanza de las dos anteriores, con esos dos pilares, familia y legalidad/ilegalidad, como ejes básicos.

Lo primero que demuestra Gray es que el haber rodado (prácticamente) la misma película tres veces le ha servido para pulir defectos, lograr un mejor acabado y servir un producto al que, al menos en lo formal, se le pueden poner muy pocas pegas. En cuanto al contenido, el avance no raya a la misma altura. A Gray, a la hora de dibujar a sus personajes, se le va en más de una ocasión la mano con el pincel grueso, y el trazo que le sale oscila entre lo pueril y lo obvio. Los personajes centrales, el hermano descarriado (bien Joaquim Phoenix), el hermano fiel (demasiado contenido Mark Wahlberg) y el padre protector (desaprovechado Robert Duvall), acaban resultando excesivamente arquetípicos, casi encarnaciones de un patrón moral predefinido en la mente del director.

En cuanto a los pros, además del acabado, impecable, y del buen gusto, que es mucho, a la hora de dirigir, hay varias escenas de un mérito enorme, tremendas, como esa en la que el personaje de Phoenix, acompañado de su novia (insustancial Eva Mendes), es perseguido por los mafiosos, que han descubierto su escóndite, con el padre actuando de escudo. Escena trepidante, de las que pegan a la butaca.

El problema central de La noche es nuestra (lema, por cierto, de la policía de NY en los años 80, en los que se ambienta la película -acertada BSO muy disco) es que va de más a menos y llega desinflada al final, en el que el clímax se queda cojo y, por encima, admite un epílogo blandengue, edulcorado y estomagantemente americano.

Película buena que no llega a brillar.

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